Se que es difícil imaginar, la angustia que pasa una persona, al no llegar o el no tener, cuando a nosotros no nos ha pasado, gracias a Dios.

 

Pero es curioso, por no decir complicado (y lo digo con conocimiento de causa), el asomarse a nuestro monedero y encontrarse con algo más de tres euros y decir en silencio: “tengo para comprar una barra de pan durante unos días y ya, y aún faltan diez días para cobrar el paro”.

 

Por eso, os invito a una reflexión: Cada vez que pongamos en el cestillo lo que nos venga en gana en cada momento, pensemos que ese valor económico del cual nos desprendemos, no es para nuestro prójimo, sino, para nosotros mismos en igual situación.

 

Gracias por vuestra generosidad como siempre hacia vuestro hermano, a través de Caritas Parroquial.

 

Que Dios os lo premie.

 

Septiembre, 2014