¿A QUÉ HUELE CARITAS?

 

Justo hace una semana, estuvimos reunidos un conjunto de escritores. La casualidad hizo que nos pusiéramos a intercalar experiencias literarias el gran cocinero Rafael Mármol y yo. Como no podía ser menos, acabamos hablando de cocina.

 

Me habló de los olores de cada cocina; decía: “Cuando subo por las escaleras hasta llegar a mi casa, de cada rellano, de cada puerta, según su olor, sé lo que va a comer cada vecino”.

 

Si los ingredientes son buenos… qué difícil es que salga un mal plato.

 

De vuelta a casa pensé: ¿A qué huele Caritas?

 

Imaginémonos una gran cocina, nuestra parroquia.

 

Los fogones, el altar, Jesús; todos y cada uno de nosotros, un ingrediente: pimiento rojo y verde, cebolla, tomate, ajo, una pizca de sal, una patata un puñado de arroz, un chorro de aceite, un buen corte de carne, una sepia o calamar.

 

Le añadiremos algo de aroma, con vapores de vino blanco, tomillo, romero y un buen postre para finalizar.

 

Todo esto es lo que sois, lo que ponéis en ese carro de la compra, en cestillo transformado, para poderlo cocinar frente a los ojos de Dios.

 

Y como me dijo ese gran cocinero: “Si los ingredientes son buenos…”

 

Vosotros como buenos ingredientes, qué difícil es que salga un mal plato, para dar de comer al que pasa hambre.

 

Y Caritas ¿a qué huele?

 

A ese olor especial de la ropa limpia, recién lavada. A ese mantel de hilo blanco, planchado y puesto sobre la mesa, para depositar encima de él, el corazón, el amor de cada uno de vosotros transformado en alimento y en una sonrisa para el que está falto de ambas cosas.

 

Gracias por ser como sois. Que Dios os lo premie.